miércoles, 29 de abril de 2015

Cuando paso por tu puerta

Lleno de un siglo de ocasos  
de una tarde azul abierta,
hundo en tu puerta mis pasos
y no sales a la puerta.

En tu puerta no hay ventana
por donde poderte hablar.
Tarde, hermosura lejana
que nunca pude lograr.

Y la tarde azul corona
tu puerta gris de vacía.
Y la noche se amontona
sin esperanzas de día.


- Miguel Hernández -

lunes, 20 de abril de 2015

domingo, 5 de abril de 2015

Polvo en la oficina


Trabajábamos juntos, yo era un simple operario y ella la chica
de la oficina, desde la cual, se podía ver el taller.
Entre la persiana metálica de rejillas podía ver como movía
papeles, hablaba por teléfono e incluso se aburría.
Llevábamos viéndonos un par de meses, nada fuera de lo normal,
más que estar 2 o 3 veces juntos en una cama y poco más.
Yo me pasaba las horas encima de una carretilla que hacía un ruido
que parecía que iba a estallar. Estábamos constantemente mandándonos
sms, jugando entre palabras, creando morbo, elevando la atracción,
yo follaba su mente y ella se mojaba en la silla oficinista que daba vueltas,
a veces, del tedio laboral. Trabajábamos de 8 a 16 y ese día, esperé a que
todos se fueran, sobre las 16:10 ya no quedaba nadie, ni nuestro jefe, sólo
ella y yo. Me senté en una mesa que había en una esquina junto a una máquina
de café, si, de esas que destrozan el estómago con sólo mirarla.
Salió de la oficina...
- ¿No te vas?
Sonreí pícaro - Te estaba esperando para tomar un café.
Se sentó encima de mis piernas y con esa palabra tan característica suya:
- Bombón! ¿Me es estas esperando a mi?
Me había excitado mucho al tenerla sentada encima y moviendo mi polla
para rozar aún más su culo, dije:
- ¿No se nota?
- Ufff, eso me pone cachonda perdida.
Antes de que acabara de decir las frase, besé su boca con rapidez,
llevaba 8 horas viendo esos labios y deseando comerlos.
Su sutileza al besar, era extremadamente única, creo que nunca llegué
a decírselo, pero cuando ella besaba, hablaba, por todo el cariño que desprendía,
toda la pasión, toda una serie de cosas que algún día explicaré, con más calma.
Acaricié su cintura y besé su cuello, sus hombros...
Susurré... - vamos dentro, a la oficina.
Porque íbamos a estar más cómodos y no nos vería nadie. La puerta del local era
bastante vieja y de madera y se podía ver entre ranuras...
Se sentó encima de su mesa de trabajo y rápidamente le subí la falda y le aparté
la ropa interior, con mis dedos noté que estaba muy caliente, metí mi polla
salvajemente, hasta aquel momento, nada había deseado más. Sus pezones estaban duros,
víctimas de la excitación, yo la follaba apenas sin tacto, muy muy fuerte, mientras ella,
miraba hacia abajo, para ver como la penetraba, le excitaba muchísimo, me lo había
dicho en alguna ocasión.

Apoyó la espalda en la mesa inclinándose y eso me acabó de poner a tope, era como si
me estuviese diciendo, este es mi cuerpo, este es mi coño, y ahora, en este momento,
es TUYO. No podía imaginar ni un sólo momento, lo que me gustaba follar así, admirando
su eterno cuerpo, que no tenía fin para mi disfrute visual...
Se dio la vuelta y suavemente metí mi polla en su culo, con su mezcla de jadeo y dolor,
miró hacia un lado y susurró:
-Así, fóllame el culo, me vuelve loca...
Como de costumbre, me pidió permiso para correrse. Desde el momento en que ella acaba
de decir la frase hasta que yo le contesto si o no, esos 4 o 5 segundos, son para ella
4 o 5 siglos, lo sé...
Dejé que se corriera, al mismo tiempo que la llené por dentro con mi semen. la sensación
fue única.
Sentada otra vez de nuevo hacia mi, con unos coloretes juveniles y unos ojos que brillaban
más de lo normal... Con aquella mirada, en aquella oficina, en aquel momento,
comprendí que me besó, como nadie me ha besado hasta ahora.

jueves, 2 de abril de 2015

El padre Fito

Habia una vez un argentino que tenía el pene muy grande, entonces llega a un pueblo y entra a una cantina y dice: 

"¿A que nadie tiene el pene más grande que yo?" 

Entonces todos los de la cantina se bajan el pantalón y ven que nadie le gana, y entonces el argentino se burla y dice: 

"Volvere mañana a ver si alguien ya se aparece." 

Vuelve y dice: 

"¿Ya hay alguien que me supere?" 

Y todos dicen que no, pero a lo lejos grita un niño y dice: 

"Yo se quien te puede superar." 

"¿Quien?" 

"El padre Fito." 

Entonces el argentino le pide que lo lleve con él, cuando llegan le dice el niño: 

"Ve aquel hombre a pues vaya con el." 

El argentino se acerca y ve que está cortando limones con el pene y se sorprende y le pregunta: 

"¿Usted es el padre Fito?" 

Y el señor responde: 

"No, el padre Fito está cortando coco."